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Chantajistas emocionales

Promecal, 26 de febrero de 2015

 

No es fácil detectarlos. Manipulan como nadie. No hay quien les gane a la hora de controlar pensares y sentires ajenos. De hacerse sentir culpables a los demás. Una práctica más común de lo que parece. Sobre todo, en las relaciones familiares y de pareja, por muy incómodo que resulte aceptar que el enemigo esté en casa. ¡La familia no se toca! Demasiada idealización. Pero hay hijos tiranos, padres absorbentes, parejas tóxicas… Y, como no hay estadísticas al respecto, parecería que no es para tanto. Y no es así. Los vampiros emocionales, campan a sus anchas en medio de la felicidad doméstica. Es su caldo de cultivo más apetecido. Los dictadores sentimentales, de los que hay que huir como de los populismos, saben elegir muy bien a sus víctimas y, como digo, suelen estar al ladito. Su objetivo es siempre el mismo: conmover, dar pena, en beneficio propio. Como no podría ser de otra manera, se muestran comprensivos y desinteresados: “lo hago todo por tu bien”. Mentira. De ello hablo largamente con Laura Rojas-Marcos, una de las psicólogas más preparadas y clarividentes de España. Tal vez la que mejor ha sabido desentrañar las relaciones sanas y las relaciones tóxicas en el ámbito familiar, donde pasa de todo. No hay familia que no oculte algo. Cuando cae el telón y empiezan las actuaciones, el reparto suele ser deplorable. Pero volvamos al chantajista —objeto y sujeto de esta gacetilla mía de hoy—, y a sus habilidades para detectarlo a tiempo. Para empezar, domina los afectos, el lenguaje verbal y el no verbal. Todo vale a la hora de manejar a los otros. Se preguntará el amable lector: pero ¿cómo protegerse de ellos…? Pues hay algo que no falla: son envidiosos y, cuando uno está cerca de un vampiro emocional, se siente inferior, culpable, que no sirve. Si esto sucede, chaleco salvavidas. Hay que salir por piernas de esa persona o de esa relación, así lo haga para camuflar su propia flaqueza y dé pena. Así lo tengas en casa. Ellos son capaces de hacer un paraíso de los infiernos y un infierno del paraíso.

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