Artículos, Promecal

Aganzo «En la Región de Nod»

Promecal, 6 de marzo de 2015

«Debajo de mi piel hay otra piel / que late a contramuerte», exclama el poeta, asomado al sagrado holocausto tendido del cuerpo amado. «Así fuimos creados: carnívoros y ansionsos», advierte Carlos Aganzo, quien no oculta su sed de trascendencia, sus íntimas certezas. «Hacia abajo se crece / más arraigado y firme que hacia arriba». El poeta se pregunta por la vida, con sus sueños, anhelos y juegos clandestinos. Se descubre llorándose a sí mismo. ¿Por qué Dios se ha cansado? ¿Acaso no lo sabes?: «Es la sangre de Abel, / clamando tras la tierra, / la que exige que siga en el camino / buscando el paraíso». Instalado en esa tierra estéril donde habitó Caín después de matar a su hermano, Carlos Aganzo se enfrenta En la Región de Nod, su último libro, a la desolación del que ha perdido el Edén. Desde el fondo del alma, desde la esperanza del amor, nuestro poeta indagará sobre la desesperación y el castigo, y se interrogará sobre el perdón y la culpa. Pero Carlos Aganzo es, sobre todo, un poeta del amor que salva de la muerte. «Nuestras vidas son los ríos que van a dar al amor», proclama. Lo vuelve a demostrar En la Región de Nod, un libro en el que desgrana el sentir del hombre, como ya lo hiciera en Las voces encendidas y Caídos Ángeles. A Aganzo le pierde todo lo que la vida tiene de exceso y de derroche. Esos días, «como dardos de amor / de punta placentera y venenosa». Es la vida a cara o cruz. Escribe el poeta con fuego en el corazón, desde el aullido del dolor, desde el alambre del vivir. En la región de Nod, Aganzo entrelaza su poesía con lo más gozosa y amargamente humano: «Nadie hoy debería / ser un hombre y llamarse / hombre tras esta hora / si no se reconoce / como hijo ilegítimo del tiempo, / como sal de esperanza para el mar».
Canta de nuevo el mundo en la recia ternura de Carlos Aganzo. Poeta de palabra secreta, tejida con el hilo del silencio, En la Región de Nod, se sitúa entre los más altos libros de la poesía hispana.

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