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Hambre

Promecal, 13 de marzo de 2015

Comida, hay. Entonces, ¿por qué al menos 850 millones de mujeres y hombres pasan hambre en el mundo? Son víctimas de la malnutrición y las enfermedades derivadas de no tener nada que llevarse a la boca. Dice Naciones Unidas que, cada cinco segundos, un niño muere de hambre, mientras producimos comida más que suficiente para todos. Porque es un embuste eso que dicen de que somos muchos. Que no hay sitio. Es mentira que la tierra esté superpoblada. Camelancias para justificar atrocidades como el aborto: el genocidio del siglo XXI. Digamos lo que es como es: el hambre es el resultado de la globalización alimentaria, al servicio del hartazgo de Occidente. Cuando se ahonda un poco en los porqués de este escándalo, se ve en seguida que la producción y distribución de alimentos está en manos de unas pocas multinacionales, que imponen sus intereses a capa y espada. Esto, sin olvidar a esos gobiernos ineptos y corruptos, que tanto sufrimiento causan a millones de inocentes. Con el hambre sólo acabaremos cuando pongamos en el centro a las personas, y no al billete. Conviene no cerrar los ojos ante estas cosas. Aquí, ensimismados en lo nuestro, nos lavamos las manos. Y, mientras tanto, pocos reaccionan, hacen algo. Por eso me parece tan valioso que haya ONG’s como Manos Unidas que hagan de los hambrientos el centro de su acción, desde una actitud esperanzada, y no desde la tristeza y el fracaso. A sabiendas de que no valen las respuestas simples para situaciones tan complejas. Conscientes de que lo que importa no es solo dar pescado cuando hay hambruna, sino enseñar a pescar cuando no la hay. Regalar comida no es la solución. Lo que hace falta es que la gente tenga cómo ganarse la vida, que se valga por sí misma. Y una cooperación internacional responsable, enfocada con sensatez. El hambre no es una fatalidad inevitable, como nos quieren hacer creer. Como no lo son otras calamidades que nos afligen. Otro mundo es posible. ¿De quién depende? La respuesta, amable lector, ya la conoces: de ti y de mí.

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