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Dineros mal habidos

Promecal, 24 de abril de 2015

Las gentes de la tierra adentro, esas que a su trabajo acuden y con su dinero pagan, lo llaman dineros mal habidos. Una expresión bien guapa, como casi todas las que llaman a las cosas por su nombre. “Donde amapola, di ababol, y, si se puede, cardo. Y al vino, vino”, escribe Fermín Herrero –la voz de estos reinos–, quien aconseja no decir lo que nunca se dijo. Lo que no se dice en tu pueblo. “Todo es igual… Nada es mejor”, silabea Gardel –que cada día canta mejor– bajo el ala del sombrero. Dineros mal habidos, ciertamente. Me pregunto, como te lo preguntarás tú, amable lector, que hemos hecho los españoles para tener una derecha tan trincona y lerda. Que, para colmo, a lo único que aspira es a parecerse a la izquierda. Ignorante, la muy lela, de que entre el original y la copia, el pueblo soberano –que no se chupa el dedo– prefiere siempre el original. Carezco de respuesta. Pero anda por extraviadas sendas la familia pepera y, acabará despeñándose –huérfana de los suyos–, si no se pone las pilas, como dicen en mi lindo país colombiano. Lo que está sucediendo en el PP, con sus indeseables efectos colaterales en toda la nación y en sus dirigentes más honestos, como es el caso de Juan Vicente Herrera, víctima propiciatoria de las eólicas y otras descargas que están al caer –ojo al parche–, es algo que no tiene pase. No era para esto, para lo que los españoles dieron al PP una amplísima mayoría, si no para que se acabaran los cambalaches y gobernaran con decencia y convicción. Es verdad que los populares están sacando a España de la crisis. A cada uno lo suyo. Pero con el sacrificio de los del principio de esta gacetilla: esos que a su trabajo acuden y con su dinero pagan. A estas alturas del paseo –o, tal vez, del naufragio–, está claro que, a alguno, habría que cortarle los cojones en el PP; aconsejar a alguna, que se dedique a sus faenas, simplemente, en lugar de “a saquear mucho para sacar a nuestro país adelante”, tal y como proclamaba esta semana –traicionada en su subconsciente– la señora Cospedal.

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