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El desobediente Mestre

Promecal, 5 de junio de 2015

Prefiere la vida al otro lado del río de la desobediencia, mientras espera la crecida de las aguas de la revuelta. Juan Carlos Mestre es un escritor de esos que creen que la poesía es un proyecto espiritual, una manera de estar en el mundo para escapar a la imbecilidad ambiental; para plantar cara y no morir de achaque de necio. En realidad, lo de Mestre es una utopía. Porque defender que lo prohibido no está prohibido, o que lo que importa en la vida son «todas las cosas pequeñas que se pueden envolver con cuidado en un pañuelo», no me negarán ustedes que es propio de alguien que anda grillado. El caso es que, el poeta berciano, acaba de publicar su antología esencial, que va de 1981 a 2014 y que titula Historia natural de la felicidad. Una de esas ediciones austeras, pero muy dignas y bellísimas en sus simplicidad, a las que nos tiene acostumbrados el Fondo de Cultura Económica. Afiliado al Sindicato de Apuntadores de Teatro, las ensoñaciones irreversiblemente libertarias de Mestre, saltan a borbotones en las páginas de este libro, que habla de diminutos amores y desvela lo que lleva un poeta en la mochila. Al universal leonés, lo que de verdad le importa, es la poesía como resistencia a la legislatura del mal, como testigo incómodo de la conciencia. La palabra restituyendo el sentido que le han robado los mercaderes de la usura. La lucha por los derechos civiles a la felicidad, frente a la certeza del miedo. Juan Carlos Mestre quiere una alianza con los descontentos y los débiles, que haga algún día la vida más llevadera y más justa. No se anda por las ramas, nuestro poeta, que vuelve a disparar sin contemplación alguna ─as usually─ contra el rostro de impostores y farsantes. La poesía no es el lugar para los cobardes, ciertamente. Eso se aprecia muy bien en esta Historia natural de la felicidad. Un libro que ensancha la conciencia y el horizonte del porvenir humano y muestra, una vez más, que donde hay un verdadero poeta hay un insumiso dispuesto a ejercer su derecho a estar en desacuerdo, caiga quien caiga.

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