Artículos, Promecal

Un antes y un después

Promecal, 25 de marzo de 2016

«Un antes y un después en el autonomismo útil». Eso es lo que representan los quince años de Juan Vicente Herrera al frente del gobierno de Castilla y León, que se cumplen por estos días, con naturalidad y mucha discreción, por voluntad del que los amontona. Cuantos menos alardes, mejor. Que no está el horno para bollos. Aunque, si hubiera sido por los palmeros que a diario queman el incienso del dios Shiva para perfumar la estancias presidenciales, las justas poéticas resonarían inacabables a mayor honra y gloria del misacantano. Un antes y un después, ciertamente. Nadie lo ha dicho mejor que Rosa Valdeón, la perspicaz vicepresidenta y portavoz de la Junta. Es verdad: esta es una Comunidad diferente. Con unas de las mejores condiciones sociales de España. Lo reconocen hasta los camaradas, en voz baja. Los logros son evidentes. No sólo el Diálogo Social. Herrera se anticipó y fue el primero en atisbar la crisis y tomar medidas. Se enfrentó abiertamente con los mandamás en Madrid, ante lo absurdo e insostenible de sus respuestas a la crisis de la minería, por ejemplo; la reforma local o el insufrible Montoro. Herrera ha peleado, palmo a palmo, la discriminación positiva hacia los pueblos y ha plantado cara al austericidio decretado por los cónsules de Bruselas. Lástima que no haya logrado frenar la sangría que supone para estos reinos la pérdida de población. Juan Vicente Herrera es, con seguridad, el político más conciliador de la familia popular. Pero es que Herrera no es del PP. Es un socialdemócrata infiltrado en las filas peperas. Un hombre equilibrado y muy prudente que defiende lo que piensa con segura firmeza, donde haga falta. Lástima que algunos pícaros se le suban a las barbas, por más que él olfatee la verdad. Juan Vicente Herrera es un político de indiscutido prestigio dentro y fuera de su partido que ha conseguido que hasta en Génova, lugar desde el que se irradia la más alta política, como bien se sabe —y a la vista está—, lo toleren con suma bondad y respeten con perfecto cinismo.

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