Artículos, Promecal

Zamora insólita

Promecal, 5 de junio de 2016

Zamora nació del beneficio de un puente. De una empalizada, cuyos restos resisten aún hoy la embestida de las aguas del Duero, a la altura de la Puerta de Olivares, para dar techo y ofrecer fonda caminera a los legionarios romanos. Así empiezan, Agustín Remesal y Paco Somoza, zamoranos de palabra amable y gesto cordial, los dos, y más ágiles que las liebres, el relato de su Zamora Insólita que acaba de ver la luz. Leyendas, hazañas y parajes de una ciudad milenaria alzada sobre el Duero, cerca ya de Portugal, y tenida por una de las más hermosas del mundo. El periodista-escritor y el arquitecto-humanista han logrado enlazar palabras e imágenes, en una crónica honda y sentimental, a la vez, en la que pugnan arte y sensibilidad, con lances, leyendas y milagros, que muestran el alma íntima y desgarrada de los zamoranos, a través de un minucioso recorrido por su ciudad e historia. Un libro magnífico y aleccionador, de esos que antes veían la luz de año en vez, y ahora —atenazados como estamos por indeseables e ignorantes austeridades—, solo algún valiente como Remesal o Somoza se atreven a encarar. Ahí están relatados, de forma amena y rigurosa, las andanzas de guerreros, cofrades, canónigos y gentes que viven a la pata la llana y duermen a pierna suelta, como Dios ordena y manda. Desde la Reina Doña Urraca, firme en su torre, hasta el gobernador Arias Gonzalo, llorando la muerte de sus hijos a las puertas de Zamora. A los textos de Remesal, siempre instalado en la actualidad y en el conocimiento recio de la historia, se unen en este libro las acuarelas de Francisco Somoza, coloreadas desde la serenidad absoluta y la fascinación por el clamor de la vida, de lo más sencillo. Somoza es un artista de pinceladas rientes, que se deja seducir por la fascinación de lo efímero y los sobresaltos de un paisaje austero, pero riquísimo en matices: el delirio amarillento y verde, entre los colores terrosos y el azul infinito de esos cielos zamoranos que todo lo saben de Verdad, Salvación, Amor. O esos aguaceros que sólo Paco Somoza se atreve a dejar caer sobre sus paisajes, a cual mejor. Somoza, es uno de esos artistas capaces de pintar lo que no se ve, pero que está ahí. Siempre en el pelotón de cabeza del actual periodismo, la voz de Agustín Remesal, suena robustecida por un formidable eco de documentación y de saberes, en estas páginas de certidumbres, escrito en un momento de general incertidumbre y torpes vacilaciones. Los dos autores, con los ojos atentos al discurrir del pueblo llano, que es lo que en verdad les gusta, como bien se ve en en esta Zamora Insólita de 205 páginas bellísimamente editada por por La Raya Quebrada. No todos los zamoranos saben muchas de las cosas que aquí se cuentan, como los detalles de las excursiones zamoranas de Don Miguel de Unamuno, o las rutas más apetecidas de ilustres viajeros venidos de lejos. La Zamora insólita de Remesal y de Somoza es, en fin, además de una delicia por sus textos e imágenes, un libro que mueve a la re-flexión; imprescindible para todos los que llevan muy dentro a su ciudad del alma, o se sientan atraídos por sus pasos y sus piedras. Por la luz y el aire de sus gentes, sobre todo.

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