Artículos, Promecal

Pasarlo en grande

Publicado en El bloc del gacetillero (en todas las cabeceras del grupo Promecal), 14 de agosto de 2016

¿Hay algo realmente crucial en esta vida? Tal vez un par de cosas, como mucho, que nada tienen que ver con el éxito o la cuenta de resultados. Me lo recuerda con su habitual sagacidad y buen humor Rafael Santandreu, el autor de Las gafas de la felicidad y El arte de no amargarse la vida. ¡Qué importante esto de entender que la vida, para disfrutarla de veras y no de burlas, hay que vivirla sin esa obsesión por ser eficaces —por acertar o no—, que nos meten en la cabeza desde pequeños! La obsesión por destacar y ser alguien, es el camino más seguro para amargarse la existencia. Sólo en no querer ser más que nadie, sino uno más, está la senda segura hacia lo que verdaderamente importa: una mente fuerte contra viento y marea. La ansiedad, las depresiones, la fatiga crónica y demás malestares de nuestros días, asociados al estrés y a esas neuras que nos inculcan a diario para mantener el negocio, se desvanecen cuando les plantamos cara. Pero es que, además, si observamos tantas y tantas situaciones existenciales de dolor, de tanto dolor a nuestro alrededor, lo nuestro pasa inmediatamente a un segundo plano. Clarividente como él es, Santandreu recoge en su último libro Ser feliz en Alaska, la anécdota de un joven que acude a un campamento de leñadores para pedir trabajo. Al ver que apunta maneras por su fortaleza física, el capataz lo contrata sin pensárselo dos veces. Durante su primer día corta decenas de árboles. El segundo, su producción se reduce a la mitad, a pesar de esforzarse hasta la extenuación. Y el tercero, golpea los troncos con toda la furia pero, aún así, los resultados descienden. Cuando el capataz se percata del escaso rendimiento pregunta al joven leñador: «¿Cuándo fue la última vez que afilaste el hacha?», y este le responde: «es que no tengo tiempo, estoy tan atareado que no puedo ocuparme de esas cosas». Pues eso: que andamos tan ocupados talando árboles que nos olvidamos de vivir. Pero volvamos, amable lector, a la pregunta del principio: ¿qué es lo verdaderamente esencial en esta vida? Pues pasárselo en grande. Es decir, compartir cariño y tiempo; escuchar y atender al otro, desde la honestidad y el respeto. Emocionarse con todo, día tras día, desde el convencimiento de que cada instante de nuestra vida puede ser glorioso. De nosotros depende. En definitiva: vivir para el amor, para la amistad, que es fuente de alegría, de plenitud. En fin, que fallar o acertar no es lo importante, ciertamente. Lo que importa es disfrutar, compartir los anhelos. Nuestros días pasan en un santiamén: con suerte, unos pocos años en la cresta de la ola y, en cuanto te quieres enterar, se acabó y ¡que pase el siguiente! Pero nos emperramos en no darnos cuenta.

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