Artículos, Promecal

Maestro y escuela

Publicado en El bloc del gacetillero el 28 de agosto de 2016

¡Qué listo mi paisano Joaquín Costa al anteponer la escuela a la despensa! El porvenir de una nación está en manos del maestro de escuela, ciertamente. ¿Alguien lo duda? Pues parecería que sí, a la vista de cómo se sigue tratando la Educación en España. Cuando yo era niño, el maestro de mi pueblo, allá en el Alto Aragón, era la persona más considerada; la más respetada y querida, también. El caso es que no conseguimos salir de esta emergencia educativa en la que estamos instalados. Tal vez porque no somos capaces de convertir la profesión de maestro en una carrera de élite, como muy bien advierte José Antonio Marina, una de las mentes más anticipativas, más lúcidas a la hora de dar respuestas. Colocar a nuestros maestros en el lugar que les corresponde, contar con ellos a la hora de planificar; ese y no otro es el reto. La ruta parece clara, lo malo es —avisa Marina— «que no hay camino hasta que no se quiere andar por él». Lo que no puede ser, de ninguna de las maneras, es que convirtamos la Educación en una herramienta partidista. Cuando todo es política mala cosa. Totalitarismo seguro. ¿Puede haber mayor disparate que arrinconar las Humanidades cuando tal vez sea de lo que más necesitados estamos para manejarnos en la vida? Pues lo han hecho. Claro que la culpa no es sólo de nuestros mandamases sino de nosotros, que no nos plantamos, y exigimos nuestros derechos a ser escuchados. ¿Acaso hay algo que ayude más a interrogarse y a buscar y encontrar sentido a la vida que la Filosofía? Pues la han liquidado prácticamente, también, de los planes de estudio. ¡En qué cabeza cabe! Pero mientras no cambiemos esto, para eso les votamos: para hacer de su capa un sayo sin consultar a nadie. A eso se reduce la democracia. Es la verdad suprema, surgida de las urnas, la que determina lo que tienen que estudiar nuestros hijos y nietos, sin contar con educadores, familias o sociedad civil alguna. Parecería, en fin, que el único objetivo es banalizarlo todo. ¿Por qué no nos consultan? La respuesta está clara: porque no les interesa. Porque a menor formación, menor capacidad de discernimiento y escasa holgura para ejercer la libertad. Y así, todo más manipulable que es, al final, de lo que se trata. No se entiende, sino, la ausencia de ese pacto social tan necesario, que dé estabilidad a la educación, y que estemos al capricho del último partido en ganar las elecciones o de las ocurrencias del último ministro en llegar. Pero cambiar estas cosas no es cuestión populismos innovadores, sino de escuchar a los que saben y de sentido común. De anteponer la escuela a la despensa. De dejar hablar a los maestros, y darles, junto a las familias, el lugar que les corresponde.

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