Artículos, Promecal

Doña Sofía y su mano amiga

Publicado en El bloc del gacetillero en todas las cabeceras del grupo Promecal, el 23 de octubre de 2016

Lo suyo es servir y ser útil. Experta en tender puentes y abrir ventanas, sin que apenas se note, la Reina Sofía provoca un torrente de entusiasmo, gratitud y cariño allá donde va. Lo hemos vuelto a comprobar estos días, en León, con motivo del premio Alzhéimer ‘Mano Amiga’, que reconoce su implicación personal frente a esta enfermedad, desde hace décadas. Un puntazo de los leoneses, ciertamente, otorgarle este galardón, que va más allá, pues supone también el agradecimiento de la sociedad civil a tantas acciones concretas de Doña Sofía, en favor de los afectados por esta dolencia, por sus familias. A su habilidad para crear una atmósfera de proximidad, de cercanía y diálogo, en favor de los demás. La Reina Sofía lleva toda una vida mirando de cerca y, a la vez, mirando lejos. Escuchando y acompañando. La integración social de las personas con cualquier discapacidad, el socorro a quienes más lo necesitan, ha estado y permanece en su horizonte. No desaprovecha ocasión que se le presenta para respaldar, con su presencia, cualquier esfuerzo —cualquier trabajo—, en favor de los demás. De vez en cuando, Doña Sofía protagoniza algún acto como este de León. Pero como sucede tantas veces en la vida, es mucho más lo que no se ve, que lo que se aprecia. En lo que va de año, la fundación que lleva su nombre, en colaboración con Cruz Roja, no ha parado de enviar medicamentos a los campamentos de refugiados. Ella, personalmente, ha participado en los últimos meses en cumbres como la de los microcréditos, que tanto están contribuyendo para el alivio de la pobreza y la distribución equilibrada del crecimiento, así como a dar oportunidades de negocio a mujeres de países olvidados. La Reina Sofía está reconocida internacionalmente como abanderada de las microfinanzas en el mundo. Su tarea, nos dijo en Valladolid Mohamed Yunus, «resulta impagable a todas luces». A la hora de plantar cara a cualquier penuria, Doña Sofía está siempre ahí, afrontando con empeño y sentido práctico el desafío de la fraternidad, dispuesta a echar una mano donde haga falta. Los leoneses se volcaron con su Reina. Miles de personas la recibieron al grito de «¡guapa, guapa!», a las puertas del auditorio de León, convertida en capital europea del alzhéimer. Por cierto, es admirable el protagonismo y la vitalidad que está tomando, de día en día, la capital leonesa. Doña Sofía, quiso que este premio fuera un reconocimiento a quienes trabajan hasta la extenuación por el bienestar del otro y para que quienes sufren no se sientan solos. Convirtió su premio en un homenaje a tantas y tantas personas anónimas que hacen de la solidaridad un acto de amor. Como hace ella. Tal vez por eso «barre» allá donde va. Tal vez por eso se la quiere tanto.

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