Artículos, Promecal

La verdad de la mentira

Publicado el 6 de noviembre de 2016 en El bloc del gacetillero, columna quincenal de todas las cabeceras del Grupo Promecal

No nos engañemos: ¡mentimos como bellacos! Nos pasamos la vida entre embustes y trolas. Vamos, que somos unos trapaceros de tomo y lomo. Y no sólo eso: la mentira, lejos de disminuir, aumenta de día en día, en un mundo de impostores y farsantes. Parecería que es imposible sobrevivir para el que dice la verdad. El embuste se ha convertido en escudo y coraza, frente a una sociedad falsa como la falsa moneda de la copla, «que de mano en mano va y ninguno se la queda». Atreverse a decir lo que es como es y no como interesa o gusta que sea, se ha convertido en una heroicidad. Hablo de estas cosas con María Jesús Álava, mujer sagaz donde las haya y con un conocimiento poco común del corazón humano, a propósito de su último libro, La verdad de la mentira, en el que ahonda en las claves para descubrir los secretos de las mentiras propias y ajenas y el daño emocional que causan. La autora de La inutilidad del sufrimiento, El «no» también ayuda y Trabajar sin sufrir, entre otros títulos de éxito, me asegura que, tras muchos años de profesión, todavía se sigue sorprendiendo cada día de la incapacidad que mostramos la inmensa mayoría, para detectar las mentiras propias y ajenas, con indeseables consecuencias para nuestras vidas. Una carencia que nos condiciona y amarga el vivir. Pero para devastador, el auto-engaño que, además de alejarnos de nuestra verdad para sentirnos más valiosos, más inteligentes, más hábiles y mejores personas de lo que somos, nos lleva a no discernir ni dimensionar las cosas. Insiste María Jesús Álava —quien está a la cabeza de la psicología en Europa, junto a otros profesionales españoles—, en que no imaginamos hasta qué punto el engaño y la manipulación condicionan nuestras vidas. Cuando le digo que lo peor, para mí, son los que mienten a los más cercanos para usarlos sin contemplaciones, sonríe y responde: «los egoístas difícilmente tienen límites; son capaces de causar cualquier atropello en su beneficio». ¡Ay, los egoístas y manipuladores! La vida está rebosante de ellos. Hay que huir de buitres y ególatras como de la peste. «No seamos ingenuos: la mayoría mentimos. El que menos, una o dos veces al día», insiste María Jesús Álava. Pero volvamos a los egoístas, causantes de todos los males. Seguramente los más dañinos son los más cercanos, tal vez porque son los que más fácilmente pueden camuflarse y porque siempre encuentran justificación para sus excesos y fechorías. Dos cosas más: nuestra generosidad no puede convertirse en la puerta que facilita que los mentirosos nos manipulen o nos extorsionen. Y, lo que más importa, amable lector: las grandes mentiras de nuestra vida, empiezan por las pequeñas bolas en nuestro día a día.

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