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El botín de las pensiones

Publicado en El bloc del gacetillero

No valen improvisaciones, tampoco parches y, aún menos, recetas mágicas o mensajes apocalípticos. Vale anticiparse y actuar con prontitud. O afrontamos de una vez por todas la reforma integral de la Seguridad Social o, lo poco que va quedando del Estado del Bienestar, saltará por los aires. Ni se puede abusar de la caja de las pensiones, ni se pueden seguir dejando las cosas al azar, pensando que ya las resolverá el tiempo. No hace falta ser economista, para darse cuenta de la urgencia de una reforma de las pensiones que contemple el envejecimiento de la población, así como su necesaria revalorización, junto a la deseable reducción del gasto. El Estado tiene la obligación de garantizar la pensión de los trabajadores que han estado cotizando durante toda su vida laboral. Si para eso necesita cargar a los presupuestos el pago de las no contributivas, deberá hacerlo. Lo que no tiene pase es que continuemos, a estas alturas del paseo, sin coger el toro por los cuernos.

Estamos ante un intento más de favorecer a los de siempre: a la banca y sus argucias para recaudar dineros bien y mal habidos, que ya hemos visto dónde acaban

Dicen los mandamás de Empleo y Seguridad Social, que las pensiones están aseguradas. ¿Qué van a decir ellos? El problema es que no son creíbles. Mienten más que hablan. Se entendería que quieran mandar un mensaje de tranquilidad, pero una cosa es no crear alarma social y otra muy distinta que no se diga lo que es como es. Por ejemplo: que por muy bien que vayan las cosas, las pensiones del futuro no podrán ser como las de ahora, sino más bajas, si continuamos parcheando; o que los jubilados que las cobren habrán tenido que trabajar más años para tener derecho a esas prestaciones. Pero no caigamos tampoco en el discurso del miedo sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones, asegurado si las cosas se hacen bien. Estamos ante un intento más de favorecer a los de siempre: a la banca y sus argucias para recaudar dineros bien y mal habidos, que ya hemos visto dónde acaban. Que no nos engañen: hay una clara intención de precarizar el sistema público de pensiones para privatizarlo. En ningún caso los planes privados no son la solución. Además de arriesgados, como se ha demostrado, esos fondos —depositados en manos que han demostrado ser zafias—, o se evaporan o valen cada vez menos. Lo saben muy bien los que caen en la trampa de comprar los productos engañosos, cuando no claramente tóxicos que les ofrecen los bancos. Pierden siempre. Una cosa es la reforma del sistema y otra bien distinta la solución esté en lo privado. Eso es lo que conviene a unos pocos, cuya voracidad no tiene límites. No a la gente honrada que a su trabajo acude y con su dinero paga. Las pensiones, en fin, mueven miles de millones y el negocio de la usura, con los bancos a la cabeza, reclama su parte en el botín.

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