Artículos, Promecal

Toque de atención a la banca

Publicado en El bloc del gacetillero, en todas las cabeceras del Grupo Promecal, el fin de semana del 7 al 8 de mayo de 2017

Nuevo toque de atención a la banca por sus prácticas comerciales. Si la Comisión Nacional del Mercado de Valores clamaba no hace mucho por las deficiencias en las estrategias de venta de las sucursales, ahora es el Banco de España el que pone el grito en el cielo, para que acaben, de una vez por todas, con las herramientas comerciales engañosas. Lo que está en juego es la confianza de los usuarios en sus bancos; de la sociedad entera. La hubo, y mucha. En algunos casos, hasta ciega. Pero se ha quebrado con abusos y medias verdades. Recuperarla no va a ser fácil. A la vista está. Por eso hay que agradecer a Javier Alonso, subgobernador del Banco de España, la claridad con la que ha hablado estos últimos días, al reclamar a los bancos que prioricen «la sencillez y la veracidad en toda comunicación con sus clientes». El objetivo —insiste— «es subsanar el poso de desconfianza que la crisis ha provocado en las entidades bancarias». Todo lo que se haga en esta dirección, será bienvenido. Pues sí, la credulidad es, ciertamente, el activo más necesario y más frágil con el que cuenta el sector. Una vez que se quiebra la confianza, es muy difícil resanarla. Nada peor que un cliente cabreado. Y son muchos. Deberían saberlo, a estas alturas del paseo. Pero parecería que no se enteran. O será, tal vez, que no les interesa. ¡A saber! Porque vuelven una y otra vez a las andadas. Especialmente, algunos gigantes financieros que se las dan de solventes y exhiben ganancias multimillonarias, mientras siguen sacando a la venta productos tóxicos y sorprendiendo en su buena fe al primero que se les pone a tiro. El amable lector sabe perfectamente a lo que me refiero, y conoce de sobra los nombres de esos bancos y las privilegiadas cabezas que los gestionan con tanto “atino” que hemos tenido que acudir a su rescate. Lo de la banca tiene delito. «Las descripciones de los productos bancarios no deben ser confusos respecto a sus características de rentabilidad y riesgo». No lo digo yo. Lo dice el subgobernador del Banco de España —que algo sabrá de esto—, quien añade: «debe evitarse el uso de términos que ofrezcan una falsa sensación de seguridad en cuanto a la percepción de una renta o interés». ¿Será que los abusos están tocando a su fin? Dios lo quiera. Les han puesto firmes desde Europa, les llaman la atención desde casa. ¿Qué más tiene que pasar para que algunos entiendan que tienen la obligación de ser decentes? Que están para servir y ser útiles. No se cuestiona aquí el negocio y, aún menos, la deseable estabilidad del sistema financiero. Lo que la sociedad reclama es una regulación que impida abusos cuando alguien acude a un banco, o se pone confiadamente en sus manos.

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