Poemas

El zaguán de los sueños

Poema escrito para la antología «El Cielo de Salamanca» del año 2017, dedicada al Colegio del Arzobispo Fonseca

Justo bajo el cimborrio donde
durmieron los restos de Alonso
Fonseca su inacabable ensueño
entre nervaduras, ménsulas y
ventanales, he visto arder la vida
con aquellas ansias de eternidad
que albergó el corazón del arzobispo.
Justo aquí, en este zaguán de los sueños,
donde se adivina el palpitar divino
de lo humano y confunde lo que llega
con lo que pasó, he vuelto a sentir,
bajo la atenta mirada de San Pedro
arrepentido, cómo el sol me sonreía,
derramándose desde lo alto
de un crucero alegre, muy alegre,
como si no llevara la vida a cuestas
y entreviera, bajo este silencio de piedra,
la plena luz de los días venideros.

¡La insospechada plenitud del cielo!

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Poemas

Así de claro

«Hay cosas que saltan a la vista»
Aníbal NÚÑEZ

Ser tú mismo, por ejemplo,
sólo tú mismo, entre gentes
previsibles, verdades supuestas
y otras apariencias que esconden
lo más cierto. Así de claro
y de sencillo. Sentir muy despacio,
muy despacio, el roce confiado
de la carne y su ternura infinita;
el dolor de la sangre y su correr callado.
El silencio que salva.
Contemplar los adolescentes
semidesnudos que se bañan
en el agua fresca, casi fría del río,
sorprendiendo la intimidad de los pájaros
que alzan sus alas y sonríen.
Sentir muy despacio,
muy despacio, la alegría
de una mañana de luz,
desde el tiempo que hace
y que deshace a la sombra
de lo que no se repite.
Así de claro y de sencillo.
Sentir también despacio,
muy despacio, la cercanía
escondida y visible de Dios:
ese único saber, ese único amor
que espero. Vivir quizá sea eso.

¡Qué otra cosa si no!

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Poemas

Por no estorbar

En el centenario de Gloria Fuertes

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Me quité de en medio por no estorbar
Gloria FUERTES

Sabía que la vida era sueño.
Tal vez por eso no acabó
nunca de soñar, como una
llama al viento de la amistad
y de la alegría de vivir y de
compartir. Hizo suyo el dolor
ajeno, con su pesar y sus
lágrimas, desde un corazón
que amaba y escuchaba
cualquier suspiro, para
cobijarlo bajo las tejas de
su casa. Le gustaba consolar
a los lobos y auxiliar a los
ciervos en su temblor; el
gorjeo de los  pájaros. Ir al
encuentro de las ardillas;
retener hasta el fondo el
susurro de las hojas en el
silencio del bosque. Cerraba
los ojos bajo la copa de los
pinos, disfrutaba del olor
derramado de las alturas.
Sabía gozar y gozar, desde
cualquier remanso, del fluir
incesante de la vida, con sus
sorpresas y su armonía. Como
ella también yo quisiera que,
en un futuro cercano, sólo
hubiera gritos de júbilo por
el aire y pobres de vocación.

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Flor de nieve

En el Bajo Aragón, se dan
bien codornices y frutales:
manzanas y ciruelas, sobre
todo. Y, en el Alto, abetos
y truchas azuladas. Y, más
arriba, en las cimas de
Monte Perdido y Picos del
Infierno, la flor de nieve,
tan chiquitina y casi invisible,
pero muy agarrada a la tierra.
Como humedecida de ternura
y mirando siempre al cielo,
sin estirarse nunca. Atenta al
milagro del agua, al primer
sol de la mañana. Fresca en
su inmarchitable belleza,
hasta que algún montañero
llegue gozoso y la arranque
de entre las rocas.

Del poemario «Inesperadamente»

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En paz

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo Vida
porque nunca me diste, ni esperanza fallida
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida.
Porque veo al final, de mi rudo camino
porque yo fui el arquitecto,
de mi propio destino
que si extraje las mieles, o la miel de las cosas
fue porque en ellas, puse miel o mieses sabrosas
cuando planté rosales, coseché rosas
cierto a mis lozanías, va a seguir el invierno
mas tú no me dijiste, que mayo fuera eterno
hallé sin duda largas, mis noches de invierno
más no me prometiste, tú noches buenas
en cambio tuve algunas, santamente serenas
amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes, Vida, estamos en paz!

Amando Nervo

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Pena capital

Me reprochan ser poco moderno
y me acusan de cantar lo de toda
la vida. De exceso de formalidad
y buenas maneras. De no ser
suficientemente novedoso y esnob.
Me culpan, también, de complicidad
con un Dios que, según proclama el
catecismo moderno, se ríe a carcajadas
de nosotros desde allá arriba.
Aseguran, con razón, que escribo
sólo para los que conmigo van y me
condenan, por todo ello, a la pena
capital de su indiferencia.
Son así, estos culturetas nuestros.

Del poemario «Inesperadamente»

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Mi corazón vela

Vuelvo a mi alma
porque una voz,
un murmullo allí
me habla. Vuelvo
a cada mirada, a
cada mañana, a
cada tarde, a cada
noche, a cada silencio
y a cada palabra,
desde mi alma,
porque siento que
Dios allí está conmigo.
Porque aunque yo
duerma, mi corazón vela.

Del poemario «Inesperadamente»

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