Artículos, Promecal

Arde el tiempo

Publicado en El bloc del gacetillero, el fin de semana del 28 de abril de 2018

20150407 PRESENTACION LIBRO EN LA REGION DE NOD-CARLOS AGANZO 2_web.jpg

El poeta Carlos Aganzo (FOTO: Wellington Dos Santos)

En la voz de Carlos Aganzo se escuchan todas las voces. Incluso las que callan:

«Negras voces distantes
que llaman desde lejos
y saben nuestros nombres
y aguardan en los claros de los bosques
a que andemos perdidos
para poder llevarnos a su reino
de misterio y de bruma».

Voces que claman desde dentro y nos hablan cuando menos lo esperamos. «Redoble de conciencia», las llama el poeta. Tal vez el eco de otras, que no se acaban de ir y nos persiguen con paciencia. Encendidas voces, ciertamente, que vienen de lo alto. Arde el tiempo es el título del último libro de Carlos Aganzo, convertido en uno de los pilares más recios de las letras del mundo hispano. Nuestro poeta ha logrado vaciar su poesía de lugares comunes, de tópicos y banalidades: algo que pocos consiguen. Aganzo tiene esa capacidad para espigar en los adentros y desmenuzar lo que importa con palabras luminosas. Deja su alma abierta cuando escribe, frente al desasosiego y a «esa extraña conciencia / de no ver acomodo en ningún sitio». Desde la serenidad de un pensamiento profundo, como aquel «frailecillo de risa»  —despreciado por los Calzados y de nombre Juan de la Cruz—, Aganzo camina también por ínsulas extrañas y «más adentro en la espesura» se pregunta si «¿acaso debe un hombre / fiel a la tradición de sus mayores, / desnudarse en silencio, / dejar su ropa y sus lamentaciones / dobladas en un banco / antes de entrar, solícito, en la cámara / de las dudas profundas (…)?». Que nadie espere de Arde el tiempo versos complacientes para pasar el rato. Son estas unas páginas dolorosas y hasta terribles. Escritas con su sangre, con todas las sangres. No comprende el poeta el silencio de Dios, ni por qué le hurta su perdón y su alivio. Y aún menos por qué le mantiene en la tiniebla, donde oculta a sus ángeles caídos:

«Dime dónde están ahora
aquellos que gritaban
mi nombre entre las palmas.
Dónde cuando el dolor
de la traición y el engaño
se fue llagando en mi frente
como corona de espinas».

En su noche oscura, «no hay sino esperar a las señales / de luz de las alcobas interiores; / allí donde canta el río / donde el aire desvela / con sus coplas de amor al prisionero». A nuestro poeta, no le importa confesar —frente al mar de las tinieblas— que hay momentos de desgarro en que la libertad le sabe a miedo. Le gustaría vivir sobre un puente de sueños que uniera las hazañas de los hombres con el sacrificio de los héroes. Nada es ajeno a su preocupación.

«Toda la noche se oyeron pasar pájaros
y un rechinar ahogado de cadenas
en el cuarto a media luz del almirante».

Desde la enredadera azul de las palabras, Carlos Aganzo ha escrito un libro de calidad que desnuda su noche más íntima, su voz más secreta.

Anuncios
Estándar
Artículos, Promecal

El tercer hombre

9689136635_7470d285bc_o

Javier Echevarría

El 12 de diciembre de 2016, fallecía en Roma Javier Echevarría. Era el tercer hombre al frente del Opus Dei. Murió con las botas puestas, como sus antecesores. Es una costumbre que tienen en esa peculiar familia. Como la de merendar todos los días, salvo cuando guardan ayuno y abstinencia. La muerte le sorprendió trabajando. Recién llegado de un viaje pastoral a Estonia y Finlandia. Apenas un año después de su partida, decenas de personas que convivieron con él hablan —sin trampa ni cartón— de este hombre recto, de corazón sencillo y bueno, que pasó por el mundo haciendo el bien a diestra y siniestra, en un libro serio y alegre, muy alegre; desprovisto de complacencias y banalidades, repleto de anécdotas y chascarrillos, a cual mejor. Álvaro Sánchez León, autor de En la tierra como en el cielo, no sólo ha logrado recoger multitud de detalles de la vida apasionate de Javier Echevarría, sino que ha enriquecido, con esta obra cuidadosa y bellamente editada por RIALP, la mejor literatura. A partir de ahora, nadie podrá referirse con rigor al que fuera prelado del Opus Dei y secretario personal de Josemaría Escrivá —el santo de lo ordinario—, durante 22 años, sin contar con esta biografía, que no es una biografía, ni una semblanza, ni un perfil; ni tampoco un estudio histórico. Es la vida, en carne viva, de un hombre de nuestro tiempo que supo entender el sentido de la letra menuda del vivir y estuvo siempre pendiente de los pequeños detalles de la convivencia familiar y laboral. Alvaro Sánchez León, ha tenido el acierto de no caer en la hagiografía y mostrar un ser de carne y hueso que vive para los demás, y se desvive por los demás, hasta el último día, cuando recuerda a la persona que le acompaña en su lecho de muerte, que por qué no ha cenado todavía y le invita, con una sonrisa, a que lo haga ya. En la tierra como en el cielo, no es, tampoco, un relato periodístico engarzado por un periodista acechante y muy perspicaz. Al amable lector le cautivarán, desde la primera página, estas cosas sencillas, de andar por casa, contadas con gracia, con ironía. El mundo entero cabía en el corazón de don Javier. Su maleta anduvo siempre en danza. Cientos de países y ciudades se mezclan en su agenda, desde Roma a Shanghái, pasando por Burgos y Sidney, para predicar el Evangelio, como sacerdote y como obispo y aupar iniciativas sociales y humanitarias. Con su impulso, el Opus Dei, llegó a otros 16 países. Entre ellos, Sudáfrica y Rusia. Si algo queda claro en estas historias con alma, corazón y vida, es que don Javier no se arrugó ante nada. Que lo más carnal y lo más divino se entremezclaron constantemente, con naturalidad y ternura, en la vida de este santo del siglo XXI.

Estándar
Artículos, Promecal

Palabras que cuentan

Publicado en El bloc del gacetillero, en todas las cabeceras del grupo Promecal, el 22 y 23 de mayo de 2017

la_razon_389676_038cyl18fot2

Es el escritor de lo esencial. El autor más certero y valiente de las letras hispanas. José Jimémez Lozano publica Buscando un amo y otras aprensiones. La selección más esmerada que se ha hecho nunca de los mejores textos periodísticos del Premio Cervantes y Premio Castilla y León de las Letras. Siempre en la avanzadilla para que ni una sóla palabra que cuente se pierda, la editorial Rialp, vuelve a dar en el clavo al arracimar estos escritos en un libro bellamente editado, que se lee con avidez, sin parpadear. Es asombroso comprobar cómo está José Jiménez Lozano de instalado en la actualidad, para reparar en lo que importa. Con un estilo fresco y muy personal, el escritor desmenuza, desde una actitud serena y anticipativa, los más destacados acontecimientos de los últimos años, a la luz de la Historia, del sentido común y de su conocimiento del corazón del hombre. Jiménez Lozano se detiene ante una Europa desnortada, ante la mentira organizada, la celebración del mundo y otros juegos peligrosos.

Jiménez Lozano se detiene ante una Europa desnortada, ante la mentira organizada, la celebración del mundo y otros juegos peligrosos

Pero no sólo: el maestro de Alcazarén proporciona también al lector elementos de discernimiento, con la sagacidad del mejor periodismo. Esta antología de textos, publicados por el autor en periódicos como ABC, La Razón y los diarios del grupo Promecal, se convierte en un libro necesario, sobre todo para quienes se dedican a estos oficios de decir lo que es como es y no como interesa que sea. Buscando un amo y otras aprensiones, debería ser libro de cabecera de cualquier estudiante de Ciencias de la Información. Sorprende, como digo, la actualidad de sus palabras, leídas con varios años de distancia. Es lo que tiene ser un sabio. Como de costumbre, cuando se le pregunta al maestro por su intención al agavillar estos textos, responde lo acostumbrado: «para la mera reflexión y acompañamiento del lector. Para nada más. Una invitación a la lectura sobre asuntos que se presume que tienen un interés general, especialmente cultural». Dice Jiménez Lozano, en el primero de estos artículos, que lleva por título La caída de Constantinopla, y en el que reflexiona sobre lo que sucedió aquel 11 de septiembre del pasado 2001 que, así las cosas: «el Occidente sin ley poco puede hacer para su cohesión como no sea acudir a una comunidad de intereses de dineros, porque su vieja cultura común ha sido dejada de lado o, sencillamente, destruida y olvidada». José Jiménez Lozano alerta más adelante, aunque no lo parezca, sobre otras distracciones imbéciles, como la acomodación social, y avisa de los peligros de «acogerse a una ideología para sustituir al saber y al pensar». Esto es: «a una enseñanza como instrumentación política y abaratamiento y banalización intelectuales y morales».

Estándar
Artículos, Promecal

La verdad de la mentira

Publicado el 6 de noviembre de 2016 en El bloc del gacetillero, columna quincenal de todas las cabeceras del Grupo Promecal

No nos engañemos: ¡mentimos como bellacos! Nos pasamos la vida entre embustes y trolas. Vamos, que somos unos trapaceros de tomo y lomo. Y no sólo eso: la mentira, lejos de disminuir, aumenta de día en día, en un mundo de impostores y farsantes. Parecería que es imposible sobrevivir para el que dice la verdad. El embuste se ha convertido en escudo y coraza, frente a una sociedad falsa como la falsa moneda de la copla, «que de mano en mano va y ninguno se la queda». Atreverse a decir lo que es como es y no como interesa o gusta que sea, se ha convertido en una heroicidad. Hablo de estas cosas con María Jesús Álava, mujer sagaz donde las haya y con un conocimiento poco común del corazón humano, a propósito de su último libro, La verdad de la mentira, en el que ahonda en las claves para descubrir los secretos de las mentiras propias y ajenas y el daño emocional que causan. La autora de La inutilidad del sufrimiento, El «no» también ayuda y Trabajar sin sufrir, entre otros títulos de éxito, me asegura que, tras muchos años de profesión, todavía se sigue sorprendiendo cada día de la incapacidad que mostramos la inmensa mayoría, para detectar las mentiras propias y ajenas, con indeseables consecuencias para nuestras vidas. Una carencia que nos condiciona y amarga el vivir. Pero para devastador, el auto-engaño que, además de alejarnos de nuestra verdad para sentirnos más valiosos, más inteligentes, más hábiles y mejores personas de lo que somos, nos lleva a no discernir ni dimensionar las cosas. Insiste María Jesús Álava —quien está a la cabeza de la psicología en Europa, junto a otros profesionales españoles—, en que no imaginamos hasta qué punto el engaño y la manipulación condicionan nuestras vidas. Cuando le digo que lo peor, para mí, son los que mienten a los más cercanos para usarlos sin contemplaciones, sonríe y responde: «los egoístas difícilmente tienen límites; son capaces de causar cualquier atropello en su beneficio». ¡Ay, los egoístas y manipuladores! La vida está rebosante de ellos. Hay que huir de buitres y ególatras como de la peste. «No seamos ingenuos: la mayoría mentimos. El que menos, una o dos veces al día», insiste María Jesús Álava. Pero volvamos a los egoístas, causantes de todos los males. Seguramente los más dañinos son los más cercanos, tal vez porque son los que más fácilmente pueden camuflarse y porque siempre encuentran justificación para sus excesos y fechorías. Dos cosas más: nuestra generosidad no puede convertirse en la puerta que facilita que los mentirosos nos manipulen o nos extorsionen. Y, lo que más importa, amable lector: las grandes mentiras de nuestra vida, empiezan por las pequeñas bolas en nuestro día a día.

Estándar