Artículos, Promecal

Se buscan rebeldes

Publicado el fin de semana del 29 y 30 de septiembre, en todas las cabeceras del Grupo Promecal

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Un muchacho se enfrenta a lo único ante lo que nos arrugamos todavía un poco, en un mundo que lo banaliza todo: la muerte. En Tanzania, Enock vela a su padre moribundo, que le dice cosas que ponen patas arriba su vida… Después de un duro día de trabajo, el colombiano Jorge Castro entra en su habitación y se deja caer sobre la cama. Está agotado. Le gusta el ballenato, la salsa, la cumbia y la cama rica. Lo que no se imagina este joven ingeniero de Santa Marta, es que su vida va a cambiar y en apenas unos años, será sacerdote. En China, en Nicaragua, a otros jóvenes les suceden cosas sorprendentes. Alguna, alguno de ellos, como Masahiro Yuki, que vive en una ciudad situada en el noroeste del mar interior del Japón, al norte de la isla de Kiusu, los pecados de la Iglesia le llevarán sorprendentemente a Dios. Se buscan rebeldes es el título de uno de esos libros que ahora le ha dado por publicar a la editorial Rialp: amenos, con testimonios desgarradores, sinceros, muy directos: de gente corriente y moliente, «que a su trabajo acude, con su dinero paga» y nada le debe a nadie. Bendita sea la hora en la que se han dado cuenta de que por ahí, por ahí van las cosas, más que por los lingotes de acero literarios y los ladrillos babilónicos. Si algo demuestran estas páginas, es que las verdades eternas continúan marcando la vida de bastantes más personas de las que podríamos imaginar. Cada vez a más jóvenes les seduce lo sublime. No tanto por sentirse importantes, figurar o ser admirados por los demás, como porque algo sobrenatural viene a transformar sus vidas. Recuerda José Ignacio Munilla, en el prólogo, que los tres momentos claves en la vida se podrían concretar en el día en que nacemos; aquel en que descubrimos para qué hemos nacido; y ese otro —y el día esté lejano— en el que marchamos de este mundo. Lo que ocurre es que el momento en que descubrimos para qué estamos aquí, condiciona la vida entera. Así que la pregunta que hace al caso es la que se refiere al sentido de nuestra existencia. No hay nada más frustrante que pasar por la vida sin descubrir para qué hemos venido a ella. Sobre todo, habida cuenta de los conflictos y padecimientos físicos y emocionales que nos golpean día tras día. ¿A quién no le entusiasman las historias de aquellos que llevan una vida diferente, apasionada? Un revolucionario, un converso, una prostituta que deja de hacer la calle, una joven médico que lo deja todo y se va a misiones. ¿Qué les obligó a cambiar el paso? Se buscan rebeldes responde a esta pregunta. Un libro audaz, esperanzado. Cosas que pasan, aunque parezca mentira, y que vale la pena conocer y contar en una gacetilla. Se buscan rebeldes y luego… que sea lo que Dios quiera.

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Silencio

Publicado el fin de semana del 28 y 29 de marzo de 2018

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El maestro zen Thich Nhat Hahn

La Semana Santa me da pie para dedicar mi gacetilla de esta semana a algo tan valioso como el silencio. Al poder de la quietud en un mundo ruidoso. Detenerse, respirar y acallar el pensamiento. En esos tres sencillos gestos reside el secreto de la paz y de la dicha. Vivir en un estado de plenitud y alegría, apreciar el gozo de vivir y sentirse en armonía con uno mismo y con los demás no son, para nada, algo reservado a unos pocos escogidos. Lo recuerda el vietnamita Thich Nhat Hanh, que se encuentra entre los líderes espirituales más respetados del mundo. Nhat Hanh lleva toda una vida enseñando a cultivar la ventura interior mediante el recurso más poderoso: el silencio. Porque sólo cuando la mente se acalla podemos escucharnos y atisbar nuestro propósito en la vida. Silencio es el título de su último libro. Unas páginas espléndidas en las que se muestra cómo la quietud interior es la base de la alegría y el bienestar. Pasamos gran parte de nuestra vida buscando la felicidad, sin percatarnos de que vivimos rodeados de auténticas maravillas. El sólo hecho de estar vivos y caminar cada día es todo un milagro. La alegría de vivir nos está llamando, día tras día, casi a cada instante, pero le hacemos oídos sordos. En nuestra cabeza, asegura Thich Nhat Hanh está sonando constantemente una radio: la del «PSP». Es decir la melodía del Pensar Sin Parar, transmitiendo desde los adentros una música que no siempre es la más linda del mundo, como proclama el lema de la cadena Radio Caracol, transmitiendo desde Bogotá la «música más linda del mundo». No es el caso. Nuestra mente está llena de ruido, por eso no escuchamos la llamada de la vida. Cuando no es el pasado, es el futuro. Y nos sucede aquello que decía John Lennon de que, «la vida es eso que pasa mientras tú haces otros planes». Así, intentemos vivir el presente. Tenemos demasiadas veces la cabeza en otra parte. Acertaba John Lennon. Anhelamos o esperamos que nos ocurra algo que nos alegre la vida, pero está pasando ya. Los místicos de Oriente y Occidente nos enseñan que para existir de verdad tenemos que estar libres de pensamientos, ansiedades, miedos y deseos. Oír, ver y ser, simplemente. Casi nada. Lo sencillo que parece y lo difícil que eso es. En toda la historia de la humanidad nunca hemos tenido al alcance de la mano tantos medios para comunicarnos: teléfonos, tablets, mensajes de texto, correos electrónicos, redes sociales… Pero continuamos sin dominar lo que más importa: el arte de escuchar y de hablar con sentido. Ni nos escuchamos de verdad los unos a los otros, ni atendemos a los demás de forma abierta y sincera. Pero sucede que sólo la escucha profunda lleva a la comprensión, que es la verdadera conexión. Algo que sólo se logra cultivando el silencio.

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Escuela feminista

Publicado el fin de semana del 17 y 18 de marzo de 2018, en todas las cabeceras del grupo Promecal

Me sucede lo que a tantos: que no doy crédito. Ese decálogo, con ideas para una escuela feminista, en el que se plantea a los maestros prohibir el fútbol en el patio de recreo, eliminar de las lecturas obligatorias libros escritos por «autores machistas» como Pablo Neruda, Javier Marías o Arturo Pérez-Reverte, me supera. Lo de la obligatoriedad de hablar utilizando el femenino, o el género neutro, con la letra «e», por ejemplo, para decir «todes», en lugar de «todos», lo dejo al criterio del amable lector. Pero, ¿será posible que hayamos perdido la cabeza hasta tal punto? Entre las rompedoras propuestas salidas de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid y el Secretariado de Enseñanza de Comisiones Obreras, se recomienda a los profesores insistir en clase en la «inclinación misógina de ciertos autores», como Rousseau, Kant y Nietzsche. Opinan, los autores de estos «revolucionarios» pensares y sentires, que estas ideas para una escuela con perspectiva de género, que hacen de ella un espacio feminista, son más necesarias que nunca. Se impone incluir idéntica cantidad de mujeres filósofas que de filósofos en el temario de Historia, al igual que libros escritos, en Lengua y Literatura, por mujeres que por hombres. Se aconseja, también, no separar los baños de chicos y chicas. Y, como no podía ser menos, eliminar la asignatura de Religión Católica. Objetivo final, al que todo está encaminado: arrancar de cuajo la Civilización Cristiana. Arrasarla. Que no quede nada. A este paso, superaremos pronto a Nerón y Diocleciano. La persecución que estamos padeciendo los cristianos en esta hora de España es, cuando menos, inquietante. Justifican sus iniciativas, los autores de estos diez mandamientos, aparecidos en la revista Enseñanza de Comisiones, con motivo de su 40º aniversario, en que de lo que se trata es de «conquistar espacios, construyendo futuro». Una de esas frases de las que gustan los camaradas para defender cualquier despropósito. A más de un dirigente y militante de Comisiones, le habrá sentado todo esto a cuerno quemado. Semejantes disparates, tropiezan con el compromiso probado de este sindicato. No tiene pase que las siglas CC.OO., se mezclen con estas ocurrencias. En fin: se pondrá música feminista en las aulas y se eliminarán todos aquellos nombres de centros que sean católicos. ¿Por qué pistas de fútbol y no pistas de baile? Aplaudo la idea. Y que en ellas, a ser posible, se baile Cuesta abajo en mi rodada, que es por donde parecería que van las cosas. En fin, volviendo a la danza y la milonga: ¿no les parece a ustedes que esto tiene más que ver con «la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser» del tango, que con cualquier escuela feminista?

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¿Estado o nación?

Artículo publicado en ‘El bloc del gacetillero’, en todas las cabeceras del Grupo Promecal, el fin de semana del 19 y 29 de agosto de 2017

¿Es o no es España más Estado que nación? Porque en la respuesta que demos a esta pregunta se encuentra la clave de lo que nos está pasando. De este momento de incertidumbre y de desasosiego. Porque ¿sabe alguien lo que va a pasar? Yo, desde luego, no. Una sola cosa está clara: hay un número nada desdeñable de catalanes que se quieren ir. Y no es sólo cosa de ese nacionalismo histórico del que tanto se habla. El movimiento independentista catalán va por otros derroteros. Quiere la ruptura con el resto de España. Digamos que es una reacción a la brava. La pregunta que habría que hacerse es qué hemos hecho todos. Qué estamos haciendo mal ellos y nosotros para llegar a este horizonte  tan inquietante. Y mientras el problema catalán no se resuelva los españoles —aceptémoslo o no— estaremos limitados e incluso atados de pies y manos en muchas cosas. Iremos todos a peor, por extraviadas sendas. Por eso es más necesario que nunca estar a la altura, en medio de este laberinto de desencantos. Vale la pena reparar en algo: cada día son más los que sostienen que España es más estado que nación. Incluso una nación tardía surgida de un momento de nuestra historia marcada por una unión de reinos. ¿Igual es que no hemos aceptado nunca esto y hemos impuesto un pensamiento único, sin calcular las consecuencias? No lo sé, no lo sé. Yo no estoy de acuerdo con los que dicen que les hastía el debate catalán. A mí me preocupa. Quiero a Cataluña. Admiro a los catalanes. No sé cómo, pero tenemos que encontrar, entre todos, la manera de superar ese nacionalismo secesionista, que quiere romper la legalidad, y articular una fórmula que reconozca derechos y sensibilidades que están ahí —que no se pueden negar—, y que podrían satisfacer a muchos catalanes, incluidas las clases medias que tanto cuentan, para salir del desencuentro, levantar un acuerdo y aupar un destino compartido. No son bonitas palabras. Podría ser. ¿Por qué no? Lo que no vale es tirar la toalla y decir que si se quieren ir, que se vayan, y cosas por el estilo, que muchos no compartimos. Dos cosas me parece que han de quedar claras: por un lado que no habrá solución si no se reconoce la singularidad de Cataluña como pueblo y, por otra, que el acuerdo al que se llegue no puede hacerse a costa de la España autonómica. Una solución que quiebre la solidaridad entre comunidades autónomas sería un error, un inmenso error. Complicado lo tenemos. Muy complicado. Pero tiene solución. Dejemos de lado las cuestiones emocionales. Seamos valientes. Démonos cuenta de que el nacionalismo catalán se nos ha ido de las manos y no será fácil, y la salida ya no es una España federal. Es otra.

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Sabina-Valdeón

Artículo publicado en El bloc del gacetillero, en todas las cabeceras del grupo Promecal, el 9 de abril de 2017

Entre los tres mejores y más descarados columnistas de la prensa española está Julio Valdeón Blanco, un tipo auténtico cuya prosa ha sifo calificada, no sin motivo, de «caníbal». Pocos lo han calado tan bien como Javier Rioyo: «una excelente compañía si no te importa meterte en algún jardín». Tal vez por eso, por lo que tiene de «canalla», como ya demostró en Los fuegos rojos, Palomas eléctricas o El fulgor y los cuerpos, entre otras novelas suyas, se atreve ahora con Sabina. Sol y sombra, tras el éxito en los Estados Unidos y Europa de American madness: Bruce Springsteen y la creación de Darkness on the edge of town. Sabina. Sol y sombra habla del año del diluvio, de dulces hoteles, del arte de mentir y mucho más. Pocas veces se escribe un libro como este. Trabajado hasta la extenuación: recoge el testimonio de decenas de amigos, músicos y otros cantantes que cuentan lo contable y lo incontable sobre Sabina. Elegante, fiel en las fuentes, de palpitante contenido, esta es la gran biografía sobre Joaquín Sabina, ese trovador del siglo XXI que ha roto los límites de la canción y renovado el rock español. A mitad de camino entre la biografía, el periodismo literario y el ensayo, Sol y sombra marca un antes y un después en la ya abultada bibliografía dedicada a uno de los más geniales compositores e intérpretes del último siglo. Valdeón es consciente de que se enfrenta a un auténtico mito. Precisamente por eso, y para no caer en la hagiografía, habla con todos y cuenta lo que gusta y lo que no gusta, desde el pálpito de las cosas sencillas y el paisaje corriente de la vida. Como esa confesión: «soy bastante cobardón», arrancada al cantante en un mano a mano —tequila de por medio— en casa de Sabina. A Sabina y Valdeón les une su habilidad para combinar la cultura con mayúscula con el lenguaje de la calle: «cuando me hablan del lenguaje de la calle, tengo el prurito de decir: “Oye, el lenguaje de la calle, pero elaborado artísticamente”», le dice Joaquín a Julio en esas confidencias tan sabrosas con las que cierra Sol y sombra. «¡Las canciones son canciones, no son temas!», repite Sabina. Acierta el número uno, Raúl del Pozo, al decir de este vallisoletano trasplantado a Nueva York que Sabina. Sol y sombra es el «fresco de una España colgada entre la ceja y el martillo». Para Valdeón se trata, en realidad, de «una carta de amor. Una concentración de veneno y versos para explicar la historia de España a través de 19 días y 500 noches». Julio Valdeón es un periodista que ama su oficio con pasión extrema. Un escritor que se distingue por su hondura humana y por el aliento poético de su prosa. Un tipo, como Sabina, apasionado por la vida y sus peligros, ciertamente.

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Respira

Publicado en El bloc del gacetillero, en todas las cabeceras del Grupo Promecal, el 12 de marzo de 2017

Cada día más personas se sienten atraídas por la meditación. Nada extraño, en medio de este guirigay. Crece sin cesar el número de practicantes. Mujeres y hombres que precisan ordenar y escuchar su mente, incorporan un espacio de recogimiento y reflexión a su vida, en busca de la anhelada plenitud, sosiego y armonía. Pensará el amable lector que qué hago yo hablando de estas cosas y ocupando espacio, con la que está cayendo. Precisamente por eso. No hay salud emocional sin sabiduría de lo cotidiano. Algo para lo que hay que interrogarse, conocerse y examinarse día tras día. Un trabajo interior que la meditación, acompañada del respirar, facilita sobremanera. Meditar es el mejor aliado para no asfixiarse en medio de esta nube tóxica que no deja ver, ni tomar aliento. Aquí quería llegar yo: Respira es el título del último libro de Ramiro Calle, toda una vida emperrado en enseñar a quien quiera a combatir cualquier estado aflicitivo, ya sea la ansiedad, la angustia o el miedo, a través de la senda interior. Con ese mantra, por santo y seña, que repite hasta la saciedad: «nada para fuera, todo para los adentros». ¡Cuánto tiene que ver la respiración en la búsqueda del difícil equilibrio emocional! Es la primera vez que Ramiro Calle reúne en un libro tantos ejercicios de respiración como fuente de energía, vitalidad y quietud. Lo hace también, como tantas veces, a través de esas técnicas milenarias que él tan bien conoce, tras decenas y decenas de viajes a Oriente, donde ha escuchado a todo buscador que tuviera que decir algo. Son prácticas que pacifican, facilitan la función cardíaca y limpian las vías respiratorias. Un completo manual de saberes para la vida cotidiana, en la línea de los más de doscientos libros que ha dedicado el introductor del yoga en España, a ahondar en la claridad interior y armonizar el aliento individual con el gran aliento del universo. La respiración es el caballo y la mente es el jinete. Con eso está dicho todo. Una respiración mejor llevada, más profunda, es imprescindible para calmar y pacificar. Para la dicha del alma. Pero se nos olvida. Importa lo que importa: dejemos a un lado tantas bobadas y camelancias. ¿Quién no quiere vivir con plenitud, contento y armonía? Pero para eso hace falta extremar la atención vigilante. Hay también, en este libro, como en todos los del yogui más seguido de España, un pálpito que medula toda su obra, y que tiene tanto que ver con la misericordia del corazón, con el escándalo de querer al otro. Con el saber escuchar y compartir. Algo en lo que la respiración cuenta, y no poco, como se ve en estas páginas. Al final, siempre llegamos a la misma conclusión: «al atardecer de la vida te examinarán en el amor».

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El botín de las pensiones

Publicado en El bloc del gacetillero

No valen improvisaciones, tampoco parches y, aún menos, recetas mágicas o mensajes apocalípticos. Vale anticiparse y actuar con prontitud. O afrontamos de una vez por todas la reforma integral de la Seguridad Social o, lo poco que va quedando del Estado del Bienestar, saltará por los aires. Ni se puede abusar de la caja de las pensiones, ni se pueden seguir dejando las cosas al azar, pensando que ya las resolverá el tiempo. No hace falta ser economista, para darse cuenta de la urgencia de una reforma de las pensiones que contemple el envejecimiento de la población, así como su necesaria revalorización, junto a la deseable reducción del gasto. El Estado tiene la obligación de garantizar la pensión de los trabajadores que han estado cotizando durante toda su vida laboral. Si para eso necesita cargar a los presupuestos el pago de las no contributivas, deberá hacerlo. Lo que no tiene pase es que continuemos, a estas alturas del paseo, sin coger el toro por los cuernos.

Estamos ante un intento más de favorecer a los de siempre: a la banca y sus argucias para recaudar dineros bien y mal habidos, que ya hemos visto dónde acaban

Dicen los mandamás de Empleo y Seguridad Social, que las pensiones están aseguradas. ¿Qué van a decir ellos? El problema es que no son creíbles. Mienten más que hablan. Se entendería que quieran mandar un mensaje de tranquilidad, pero una cosa es no crear alarma social y otra muy distinta que no se diga lo que es como es. Por ejemplo: que por muy bien que vayan las cosas, las pensiones del futuro no podrán ser como las de ahora, sino más bajas, si continuamos parcheando; o que los jubilados que las cobren habrán tenido que trabajar más años para tener derecho a esas prestaciones. Pero no caigamos tampoco en el discurso del miedo sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones, asegurado si las cosas se hacen bien. Estamos ante un intento más de favorecer a los de siempre: a la banca y sus argucias para recaudar dineros bien y mal habidos, que ya hemos visto dónde acaban. Que no nos engañen: hay una clara intención de precarizar el sistema público de pensiones para privatizarlo. En ningún caso los planes privados no son la solución. Además de arriesgados, como se ha demostrado, esos fondos —depositados en manos que han demostrado ser zafias—, o se evaporan o valen cada vez menos. Lo saben muy bien los que caen en la trampa de comprar los productos engañosos, cuando no claramente tóxicos que les ofrecen los bancos. Pierden siempre. Una cosa es la reforma del sistema y otra bien distinta la solución esté en lo privado. Eso es lo que conviene a unos pocos, cuya voracidad no tiene límites. No a la gente honrada que a su trabajo acude y con su dinero paga. Las pensiones, en fin, mueven miles de millones y el negocio de la usura, con los bancos a la cabeza, reclama su parte en el botín.

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